UAM Lerma: una nueva unidad para las empresas
A continuación se reproduce un documento realizado por algunos profesores-investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana en vísperas de la discusión en los órganos colegiados de la UAM respecto a la creación de una nueva unidad de esta casa de estudios. La creación de la UAM-Lerma fue aprobada el día 13 de mayo de 2009 en Colegio Académico.
La Unidad Lerma: sus objetivos
La Unidad Lerma puede ser una excelente oportunidad para ampliar y fortalecer sustancialmente la universidad pública, pero en lugar de eso se le quiere convertir en una unidad fundamentalmente de servicios y apoyo a las necesidades de modernización y competitividad de las grandes empresas.
La propuesta del Rector General ya entregada a Colegio Académico señala que la Unidad “debe responder a problemáticas en los terrenos de la competitividad, la responsabilidad social, la innovación y el desarrollo… (“Proyecto de la Unidad Lerma de la UAM, Mayo 2009, Np.4). “Responsabilidad social”, por cierto, se refiere al moderno concepto empresarial que recomienda acciones de ‘beneficio’ a la comunidad y tomas de posición mediante las cuales las empresas construyan una imagen mucho más cercana y preocupada por el medio ambiente, el desarrollo, etc. Vips, por ejemplo, al igual que Toks y Granjas Carroll se definen como “empresas socialmente responsables.”
Dice también el Rector que la nueva Unidad busca “impulsar nuevos modelos productivos y de prestación de servicios, cuyo carácter vanguardista los haga ejemplos replicables a nivel nacional e internacional” Se pretende además que esta lleve a cabo “proyectos de investigación y de vinculación tanto con la UAEM como con otras IES con el propósito de compartir experiencias, programas académicos y líneas de investigación que involucren la transferencia de tecnología a las actividades relacionadas con el campo y la industria… [se busca también] generar capital social y humano, como bienes intangibles…”. (Pág. 5, Sub. nuestro). La transferencia de tecnología significa poner a disposición de las empresas nuevas técnicas organizativas y productivas, diseños creativos, materiales más duraderos y flexibles, procedimientos, pinturas, funciones que hagan mucho más competitivos sus productos y servicios. Esta es claramente una tarea que deberían desarrollar las propias empresas, contratando para ello a los egresados de las universidades públicas. Pero históricamente los empresarios mexicanos han descuidado la creación de esta infraestructura y ahora, presionadas por la competitividad, confían en que los gobiernos estatales y Federal presionen a las universidades a poner casi gratuitamente a su servicio los laboratorios y talleres.
Las tres grandes divisiones de la nueva Unidad
Los objetivos generales arriba ejemplificados en el proyecto se especifican aún más a la hora de describir lo que serán las tres divisiones académicas de la Unidad.
La División de Ingeniería, Ciencia e Innovación (DICI)
La División de Ingeniería, Ciencia e Innovación (DICI), por ejemplo, que en el proyecto es la principal y más desarrollada de las tres divisiones, identifica claramente que su contexto de trabajo será el conjunto de empresas del corredor industrial Lerma y adelanta con detalle cuáles serán las actividades que se desarrollarán como parte de la vinculación con ellas. “El corredor industrial Lerma –dice el documento- ofrece una oportunidad para interactuar con las empresas que lo conforman, a través de estancias en plantas y prácticas profesionales de los alumnos, así como para ofrecer cursos de educación continua, diplomados, servicios profesionales, investigación patrocinada y certificaciones” (p. 32. Sub. nuestro). Es decir, una División enfocada totalmente a ofrecer servicios a empresas –incluso certificaciones de calidad de sus procesos industriales, suponemos.
Según el planteamiento que se hace de la División de Ingeniería, Ciencia e Innovación, no se trata simplemente de convertir a la UAM en un organismo prestador de servicios pagados y de alta calidad a clientes empresariales, sino que va mucho más lejos. Plantea en el fondo la tesis de que a la Universidad pública le corresponde la responsabilidad de que la industria nacional alcance nuevos niveles de competitividad internacional.El documento señala que “la DICI podrá aportar dinamismo y promover la competitividad de las PYMES [Pequeñas y medianas empresas]… proponiendo aplicaciones novedosas y soluciones originales a los problemas tecnológicos, desde aquellas limitadas a la sustitución de algún elemento específico de la cadena productiva, hasta las que constituyen cambios paradigmáticos en los procesos productivos.” (p. 32. Sub. nuestro).
El planteamiento de la relación entre la Universidad y Sociedad va todavía más lejos en esta División uando se plantea que prácticamente todas las actividades académicas que ahí se realicen estarán permeadas por el propósito de la innovación para la competitividad de la industria. Con esto, las necesidades de las empresas no sólo se convierten en una referencia para la prestación de servicios, sino en el eje organizador fundamental de todas las actividades de docencia, investigación y difusión. Así lo señala el documento del Rector: “Se propone que la innovación sea el sello de la división y se refleje en los proyectos de investigación, en el perfil y el compromiso de las áreas y del personal que la conformen, en el diseño de sus planes y programas de licenciatura que impriman en sus egresados una actitud creativa e innovadora con una clara orientación hacia el emprendimiento tecnológico… y, además, en la formulación de posgrados capaces de formar recursos humanos de alto nivel que participen en la innovación científica y tecnológica.” (p. 32)
La concepción misma de ciencia que surge de esta perspectiva es muy significativa. Dice el documento del Rector que profundizar en el conocimiento científico, se dice, significa entonces encontrar nuevas tecnologías para la competitividad: “la necesidad de cultivar las ciencias en profundidad, para generar los nuevos conocimientos científicos que den lugar a innovaciones tecnológicas competitivas” (p. 31). Esta concepción, se refleja también –aunque menos desarrollada- en la forma en que se plantean las otras dos divisiones que formarán la Unidad.
La División de Ciencias Biológicas y de la Salud
La División de Ciencias Biológicas y de la Salud de entrada y de manera general se plantea como “orientada al estudio –y a la vinculación con- los diversos sectores productivos de la región y del país…para optimizar, modernizar y diversificar los productos, procesos y condiciones de vida.”(p.25, Sub. nuestro). En un mundo de la salud cada vez más organizado en torno a la investigación y producción de fármacos, insumos y técnicas en manos de gigantescas corporaciones, el plantearse acríticamente y de manera genérica la “vinculación”, significa hacer a un lado cualquier posibilidad de generar propuestas de procesos de salud, producción agropecuaria, y farmacéutica que le devuelvan a estos procesos su condición de espacio público, objeto de estudio y de acción social. Y al colocarse como objetivo general y prioritario esa vinculación empresarial, se abandona la perspectiva de la investigación de la salud y la producción del campo como fenómenos sociales objeto de acciones colectivas y de recuperación de la autonomía por comunidades, familias e individuos. Todo eso no interesa, sólo los enclaves productivos..
Así, por ejemplo, para justificar la presencia de una División de Ciencias Biológicas no se habla de procesos sociales fundamentales para la salud, sino que se dice que “en el área de Lerma y la zona conurbada de Toluca existe una gran actividad agropecuaria y de la industria de alimentos.” Y se añade que el Departamento de Ciencias Alimentarias [de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud] podrá incidir de manera importante en la recuperación y mejoramiento de estas actividades…” industriales (p. 28).
Al mismo tiempo, el énfasis se pone ahora en la innovación tecnológica en el campo de la salud y la producción agropecuaria. De ahí el énfasis en las disciplinas “de punta” como las ciencias genómicas que independientemente de su enorme valor como campo de estudio, en este contexto de vinculación prioritaria con los grandes corporativos, primero beneficiará a estos y muy secundariamente a los grandes sectores de la población y de los productores rurales. Colocar a la innovación tecnológica como prioritaria trae consigo una sobre simplificación no sólo de los procesos sociales de salud sino también de los aspectos sociales y políticos que determinan el perfil de la producción agropecuaria. Así, los campesinos, los pequeños propietarios, los comuneros todos se conciben mecánicamente como meros abastecedores de las grandes empresas y sólo para ser mejores proveedores es que requieren del apoyo de la Universidad. Para mejorar la calidad de sus productos y garantizarles a las empresas seguridad en el producto y un abasto constante: “los productores primarios de alimentos –dice el proyecto- para poder competir en un mercado globalizado y contender con una creciente demanda de abasto por empresas procesadoras de grandes volúmenes y distribuidores masivos de alimentos, necesitan ofrecer un abastecimiento constante, seguro y de calidad uniforme.” (p.27). Y ahí –según la propuesta del Rector- entra la labor de la Universidad. Pero nada respecto de los procesos políticos, culturales y organizativos que desde hace siglos muestran su profunda huella en el campo.
La División de Artes, Ciencias Sociales y Humanidades (DACSH)
En una lógica universitaria se esperaría que una División de Artes, Ciencias y Humanidades en la Unidad Lerma podría tener un papel central, como referente de la reflexión y aplicación de la tecnología en la medida en que presenta a la sociedad como un todo sumamente complejo y no sujeto a la ingeniería social de la visión técnica. Podría ser un referente crítico que permitiría una sana diversidad de perspectivas no sujetas a la visión de la innovación tecnológica. Sin embargo en el planteamiento que hace el proyecto este papel
central simplemente no aparece. Hasta este momento las visiones de la innovación tecnológica a la hora de reorganizar la universidad no parecen saber muy bien qué hacer con lo que consideran las actividades y “ciencias blandas.” Eso probablemente explica que en el proyecto, en esta División se colocan todas juntas, en una hasta confusa amalgama de disciplinas cuyo sello central es la búsqueda de la novedad, lo moderno, y la referencia, aquí y allá a estudios, carreras, investigaciones que puedan ofrecer algunos elementos útiles, de apoyo a la modernización del ámbito social y cultural de las empresas y a que estas conozcan mejor el contexto en que se mueven.
Por ejemplo, se habla de “la antropología de la salud” que resultaría útil para la reorganizada DCBS, y de ahí podemos imaginar un campo de estudio como “la antropología de la innovación tecnológica.” Pero también se habla de espacios afines a las preocupaciones por conocer y controlar los procesos sociales que inciden directamente en la vida productiva y la posibilidad de modernización de las empresas. En este rubro estarían, por ejemplo, los temas que menciona el proyecto como el “estudios organizacionales y formas de intervención”, “cambio social”, “culturas organizacionales”, “cambio político”, “saberes y prácticas culturales”. “ciencia, tecnología y sociedad”, “construcción social del espacio y sustentabilidad”, “tecnologías de la información y comunicación”, “planeación estratégica y políticas públicas”, “conflicto y negociación social”, “gestión y administración industrial y tecnológica”. Sobre todo estos últimos podrían claramente responder a la pregunta sobre cómo manejar el complejo factor humano y social para la modernización empresarial. (p.20ss.)
Aparece también bastante clara la preocupación sobre qué hacer y cómo manejar los profundos y hasta potencialmente amenazantes procesos culturales que está generando entre otros factores la globalización y la competitividad. Así interesan las “culturas organizacionales”, “lengua, cultura y nuevas tecnologías”, “estados multiculturales”, “ciudadanía y políticas culturales”, “cambio social y reconfiguración de identidades nacionales” y otras semejantes.
Curiosamente es en el campo artístico donde mejor aparece la redefinición de las disciplinas a que obliga la colocación de la innovación tecnológica como punto central y avasallador de referencia. El arte aparece como la respuesta a la confusión y el caos de fuerzas productivas nuevas y poderosas. “La pertinencia social de este departamento (el de Creatividad Artística) se sustenta en la concepción del arte como una forma de pensar y organizar el mundo” (pág. 22). Pero también aparece el arte como un instrumento clave y directo para la innovación por cuanto fomenta la creatividad. “El arte abre espacios para la creatividad –dice el documento- permite el desarrollo de las capacidades humanas y genera respuestas holísticas a las inquietudes de la humanidad.” Agrega que “la creatividad no es privativa del arte, frecuentemente aparece oculta o invisible en el quehacer científico y humanístico. El departamento explorará la vinculación entre innovación tecnológica, social y cultural por un lado, y la creación artística por el otro para impulsarla como un eje transversal de la Unidad en su conjunto.”(pág.22-23). A pesar de que en las ciencias sociales, las humanidades y las artes siempre han sido semilleros de rebeldía, y que una y otra vez maestros y estudiantes de estos espacios han trastocado las encomiendas oficiales, es claro que lo que pretende el proyecto es tener a científicos sociales, artistas e ingenieros ocupados todos en resolver creativamente los problemas de competitividad de las empresas.
Lo que está detrás del proyecto de nueva Unidad
A mediados del mes de Marzo en alguna de las presentaciones el Rector General anunció en forma muy velada lo que realmente se propone con la Unidad Lerma. Dijo que “el anteproyecto prevé que la futura Unidad compartiría una zona en la que se ha proyectado desarrollar un instituto dependiente del Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología, un área hospitalaria, una deportiva, y una más para la constitución de la Ciudad del Conocimiento, que nacería con el objetivo de apoyar programas de investigación…” . (Semanario de la UAM, 16 de Marzo, Pág. 7, Sub. nuestros).
La frase del rector significa que la nueva Unidad de la UAM no se detiene en la insistencia en la innovación, el desarrollo y transferencia de tecnología, la formación de capital humano, la vinculación con las empresas, etc., sino que da un paso más, al hablar de la puesta en marcha de una ciudad del conocimiento. Esta no debe confundirse con la noción –también actual- que define a esa ciudad como el esfuerzo conjunto de diversos actores sociales (instituciones, organizaciones, comunidades, colonias, barrios, universidades, dependencias gubernamentales, etc.) para generar procesos de conocimiento de nivel superior que incorporen a grandes grupos de la población de las ciudades. Desde la perspectiva empresarial, más bien, ciudad del conocimiento significa la creación de espacios geográficos donde no son las empresas las que van a la Universidad, sino que es esta, como en el modelo de la Universidad Tecnológica, la que va ahí donde a las empresas se encuentran.
La ciudad del conocimiento del Grupo Monterrey
Uno de los impulsores más destacados de este tipo de ciudades (el gobernador de Nuevo León junto con el Tec de Monterrey y la Universidad Autónoma de Nuevo León) define la recomendación del Banco Mundial de “ciudad del conocimiento” como “un territorio geográfico donde, conforme a un plan y una estrategia general… sus actores tienen el propósito común de construir una economía basada en el desarrollo del conocimiento.” (Suplemento en La Jornada “Monterrey Ciudad Internacional del Conocimiento”.16 junio 2008, p.3). Con orgullo presenta el proyecto que está por concluirse: un conjunto de edificios donde, pared de por medio, se encuentran las instalaciones, por un lado de CEMEX, Sigma Alimentos, clusters de software, incubadoras de empresas, VITRO, PEPSI, AMD Smarter Choice, MOTOROLA, etcétera, y, por otro, de un grupo de instituciones educativas y centros de investigación públicos y privados como, por ejemplo, el TEC de Monterrey, la Universidad Autónoma de Nuevo León, el CINVESTAV, CICESE (Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada), CIMAV (Centro de Investigación en Materiales Avanzados), el Instituto del Agua de Nuevo León, Instituto de Investigaciones Eléctricas (CFE), además de la Arizona State University y la Texas A&M University. (Ibidem, págs. 4-7). Todos trabajando de manera conjunta y profundamente interrelacionada en proyectos de mejoría de la competitividad de productos y servicios mediante la innovación como clave del desarrollo, en una alianza nunca imaginada desde la idea de la autonomía universitaria.
Sus propósitos son: “investigar…para la innovación y el diseño así como la investigación estratégica de nuevos mercados para atender las necesidades actuales y de futuro del sector industrial del Estado”; “ser un incubador de empresas de diseño y un polo de atracción de empresas globales desarrolladoras de productos”; “generar sinergia con los centros de investigación del parque industrial y universidades de la región y apoyar la formación de recursos humanos especializados”; “atender las necesidades y consolidar las capacidades tecnológicas de los sectores productivos y gubernamental, brindándoles ventajas competitivas, mediante el desarrollo de proyectos y la prestación de servicios”; impulsar proyectos relacionados con la salud “en especial la radiología por contraste de fase y el estudio del desarrollo de detectores digitales .. para diagnóstico médico… que son también de interés en procesos industriales”, y, además de muchos otros, avanzar en la “investigación y desarrollo tecnológico… de nuevos materiales, maquinaria de envasado y etiquetado de productos en… alimentos, bebidas, entre otros.” (Ibidem, p. 8-10)
Además de un centro comercial, un hotel y otros servicios, los numerosos laboratorios y edificios están enmarcados por avenidas con nombres tan sugestivos como “Avenida Tecnología”, “Avenida Alianza”, “Avenida Desarrollo”, “Vía de la Innovación” y “Vía del Conocimiento”. Así, como se muestra el plano respectivo, en esta moderna versión de vecindad de empresas e instituciones generadoras de conocimiento, “el sistema educativo es el proyecto.” (Ibidem, p.8).
La nueva Unidad Lerma se proyecta en exactamente la misma dirección que la alianzaque da lugar a la Ciudad Internacional del Conocimiento en Monterrey. En el caso de la Unidad Lerma, hay también un acuerdo previo al establecimiento de la Unidad. En este participaron el gobierno del Estado de México, la SEP, Hacienda, la UAEM, la UAM y los propios empresarios. Sin un acuerdo previo no se explica la donación de un terreno federal precisamente en la zona del parque industrial, la participación de hospital e Instituto de Ciencia y Tecnología del Gobierno del Estado, y el interés de los empresarios por el surgimiento de unidades universitarias dispuestas a colaborar con ellos.
La alianza con estos actores determina no sólo el lugar donde se abrirá la Unidad (precisamente en el corredor industrial Lerma) sino, lo más importante, la orientación general, los objetivos concretos, la organización académica, y hasta el enfoque de la investigación, la docencia y la difusión. En este contexto, la apuesta de la Rectoría General es que si bien en esta próxima, sorpresiva e irregular sesión del Colegio pueden darse algunas modificaciones al proyecto, algunos cambios tal vez en el discurso para que no sea tan claramente empresarial, los rasgos esenciales de este no serán modificados..
Cualquier iniciativa que busque cuestionarlos será rechazada de inmediato por el sector de las autoridades más comprometido –por ser beneficiado académica y científicamente- con este proyecto y una Rectoría General que apoya abiertamente esta ampliación y redefinición de lo que es la Universidad.
La alianza con estos actores externos a la Universidad determina también que sólo hace menos de quince días hábiles se informó de la intención de crear otra Unidad, a académicos, estudiantes, administrativos. Explica también la prisa por aprobar el proyecto, y explica por qué los últimos en enterarse sobre lo que va a ocurrir en la Universidad son los propios universitarios. Nunca antes tan claramente se había visto que el centro de gravedad de las decisiones universitarias ya no está en la propia UAM sino en agentes e intereses económicos y empresariales.
Si para la aprobación de la Carrera Académica el Rector Lema no sólo visitó a cada uno de los más de cincuenta departamentos de la UAM, sino que abrió luego un periodo de varios meses de discusión y aportaciones, para el tema igual o más importante de una nueva Unidad UAM se propone ahora un procedimiento fast track.
Pero debe recordarse que en el 2004 en el caso Cuajimalpa la premura, por lo tanto la irreflexión, la presión a Colegio Académico para que aprobara de inmediato y en sus términos la propuesta del entonces Rector General, llevaron a que la creación de esa Unidad estuviera rodeada de graves cuestionamientos. Estos pronto se confirmaron y se generó una situación crítica que propició airados reclamos al interior de los órganos colegiados y la intervención en la Universidad de actores externos como la Auditoría Superior de la Federación y hasta la PGR a partir de denuncias contra “quien resulte responsable”, manera legal y eufemística de referirse a las anteriores autoridades.
La situación en el caso de la Unidad Lerma es mucho más grave porque aquí no es sólo la cuestión de la manera de tomar decisiones, sino lo profundamente cuestionable del planteamiento mismo de cuál debe ser la identidad universitaria no sólo de la Unidad Lerma sino necesariamente de la UAM toda.
Conclusiones y propuestas
1. El documento presentado por el Rector General convierte a la universidad pública en un centro de estudio y asesoría del empresariado. Significa una reducción radical del objeto amplio, diverso y profundo de la universidad pública. Propone encerrar a la universidad y a las ciencias y artes en las limitadas perspectivas de la producción competitiva de bienes y servicios. Significa también entregar un generoso subsidio a grupos empresariales y muchas veces ya sumamente privilegiados, al reorientar la universidad y poner a su disposición investigadores, docentes y laboratorios. Significa avanzar en la privatización del objeto y procesos universitarios al centrarlos en la comercialización de los servicios universitarios y en la lógica de la ganancia y la competitividad. Significa avanzar en el camino de una pérdida drástica de la identidad de la UAM toda como institución pública gratuita, autónoma, pública y dedicada al servicio de la sociedad y no prioritariamente a sus grupos hegemónicos. Significa, finalmente, una clara violación al espíritu y la letra de la Ley Orgánica que demanda que “la formación de profesionales corresponda a las necesidades de la sociedad” y que se deben “organizar y desarrollar actividades de investigación humanística y científica, en atención, primordialmente, a los problemas nacionales” (Art. 2º., fracciones I y II).
2. Además, con ese proyecto se desperdicia la posibilidad de crear con la nueva Unidad un vigoroso centro de cultura, investigación, formación y transmisión del conocimiento en beneficio de un amplio espectro de grupos y clases sociales y no sólo el sector empresarial. El concepto universitario y público de ciudad del conocimiento apela a la obligación legal de la universidad pública autónoma de generar y difundir conocimiento que pueda servir a la sociedad toda, a los grandes grupos sociales, a través de innovaciones creativas en su funcionamiento como institución, en la investigación, difusión y especialmente en el aumento sustancial de la matrícula para el egreso de profesionales con una gran diversidad de formaciones y no sólo las profesiones de élite empresarial. El aumento en la matrícula y la diversidad en la formación es especialmente importante en una región que agrupa a numerosos trabajadores de la industria y la agroindustria, campesinos, pueblos originarios, jóvenes desempleados y sin acceso a la educación pública, empleados informales, gubernamentales y del comercio, fuertes grupos magisteriales, niños y personas mayores, importantes organizaciones sociales urbanas, rurales y de zonas marginadas, comunidades, colonias, barrios. Junto con la investigación rigurosa y profunda de los problemas nacionales, esta, la de difundir el conocimiento a todos, es la vocación fundamental de una universidad pública y, como muestra el ejemplo de otras instituciones reconocidas internacionalmente, es perfectamente posible combinar la atención a cientos de miles de estudiantes con el desarrollo de altos niveles de generación y difusión del conocimiento. La UAM no puede plantear su futuro en términos de convertirse en una especie de versión de un Tec de Monterrey.
3. Al interior de la UAM la propuesta tiene el grave problema de que claramente privilegia la visión que un grupo de autoridades y académicos tienen respecto del quehacer de la Universidad, y esa visión se fortalece en forma desmedida al ofrecérsele toda una Unidad incluyendo la reorientación de las ciencias sociales, las humanidades y el arte. Esta decisión se toma a sabiendas de que en la UAM hay visiones distintas.. Privilegiar sólo a unos apunta a generar un clima de contraposición y polarización que una autoridad responsable tiene el deber y responsabilidad de prevenir. ¿O la propuesta es que la UAM toda, sus grupos y visiones distintas, avancen a una suerte de territorialidades, de federación de cotos autárquicos? El costo sería irreparable para la UAM en su esencia de espacio de unidad en la diversidad y pluralidad. Para evitar un camino que deteriore profundamente el clima interno, por parte de la Rectoría debe ofrecerse, una política clara y decidida de discusión abierta sobre la propuesta de esta nueva Unidad. Evidentemente, la discusión no es sobre la creación o no de la Unidad, ni sobre la conveniencia de que esta amplíe sustancialmente la matrícula de la UAM y el conjunto de las investigaciones relevantes a la sociedad toda, pero debe la Rectoría reconocer que existen diferencias profundas en torno a cómo debe darse este crecimiento, en concreto a favor de quiénes en la sociedad mexicana.
Para que se apruebe la versión empresarial de la Unidad Lerma, el Rector argumenta que se deben crear “espacios y disciplinas… que no estén encerrados en el academicismo puro sino que logren abrirse al tiempo” (p.35). Pero con esto asume que hoy es el tiempo de las clases empresariales nacionales y extranjeras como actores claves en el desarrollo del país, asume que efectivamente a partir de su prosperidad la población del país mejorará su situación y por supuesto supone que es mejor encerrar a la academia en la visión de los empresarios. La autonomía universitaria buscó la emancipación de los centros de conocimiento respecto de las doctrinas de las monarquías, de la Iglesia, y de los gobiernos. Pero ahora la propuesta que firma el Rector aherroja a la Universidad a la visión y objetivos de los empresarios. Históricamente estos han tenido una visión muy limitada de lo que es una nación solidaria, en la prosperidad y también en el conocimiento, y ahora se propone que la identidad de la Universidad se defina a partir de una estrecha asociación y acuerdo con el empresariado.
A quienes no estamos de acuerdo con la tesis de que el diálogo fundamental de la Universidad con la Sociedad se dé en un parque industrial, debe dársenos igual oportunidad institucional de expresión. Iusa (conexiones eléctricas, servicios de telefonía), ICA (construcciones), Resistol (pegamentos para zapatos), Industrial Camesa (alimentos), Alepack (autobags), Acco Mexicana (productos para oficina, corporación extranjera), Velpack (cinta canela), Bimbo (Gansitos Marinela) y otras empresas semejantes no sólo son centros productivos, configuran un marco ideológico, una visión del país con la que no todos estamos de acuerdo.
Por todo lo anterior es necesario, en concreto, que
a) el Rector en su carácter de Presidente del Colegio y de responsable de la Universidad y que el Colegio mismo apruebe que la definición de cómo debe ser la nueva Unidad de la UAM se dé con posterioridad a un periodo de discusión.
b) para ese propósito Colegio Académico convoque a formar una comisión verdaderamente plural y representativa de las distintas unidades y divisiones y de las distintas visiones sobre la universidad, misma que se encargará de organizar el debate sobre el rumbo que la UAM debe darle a esta nueva Unidad. En el entendido de que las unidades son de toda la UAM no de grupos particulares y que todos pueden participar en su destino.. Esta comisión tendría como objetivo organizar foros, propiciar el surgimiento y difusión de documentos, consultar a grupos académicos específicos sobre las temáticas que toca el documento del proyecto presentado por el Rector, y difundir los puntos de vista que esos académicos expresen. Los universitarios de Ciencias Sociales y Humanidades, los de Ciencias Biológicas y de la Salud, los de Diseño, además de los de Ciencias Básicas, deben ser escuchados en su análisis respecto de la propuesta del papel de las artes y las humanidades, las ciencias sociales y hasta analíticas del propio planteamiento sobre
el papel de las Ciencias Básicas en una universidad pública y autónoma. Los grupos estudiantiles y el SITUAM deben ser también expresamente convocados a dar su punto de vista, así como los Consejos Divisionales y Académicos.
Lo peor que le puede pasar a una nueva Unidad de la UAM es que aparezca como fruto de la imposición de un grupo y de la autoridad dentro de la propia universidad, con un objeto y una definición profundamente cuestionados y avalado todo esto por la Rectoría y por el Colegio Académico. La UAM no puede fincar su ampliación, la construcción de su identidad en la imposición, el cierre a cualquier posibilidad de diálogo, el privilegio para unos cuantos. ¿Con qué base se excluye a todos los que somos los demás? ¿No tenemos las mismas prerrogativas como universitariios? ¿Qué semilla es esta? ¿Qué futuro crecerá?
12 de mayo 2009.
Profesores-investigadores de la UAM: Luis Bueno, Luis Ortiz, Silvia Tamez, Celia Fanjul, Hugo Aboites, Marina Altagracia, José María Martinelli, Georgina Gallardo, Catalina Eibenshutz.
- Noticias:




